GraceNotes
   

   El Contenido del Evangelio de Salvación



Cuando compartimos el evangelio claramente debemos de tener dos grandes inquietudes:

Primero debemos ser absolutamente claros acerca de la condición para la salvación - creer. Esa fe debe ser libre de cualquier obra, compromiso, o idea de mérito en nuestra parte para que la gracia permanezca gracia.

Segundo debemos ser claros acerca del contenido del evangelio, o en lo que se tiene que creer. El contenido del evangelio es la persona y la obra de Cristo Jesús, los que son inseparables como el objeto de la fe que salva.

La Persona de Cristo Jesús

Somos salvos por Alguien, el Señor Jesucristo. No sólo cualquier Jesús, sino el Uno que fue enviado de Dios quien es el Hijo de Dios. Existen muchas cosas implícitas en la designación del Señor Jesucristo como deidad, humanidad, y misión Mesiánica. Mientras que puede ser que alguno no comprenda la Cristología en su totalidad, existen muchos malos entendidos acerca de la singularidad y la autoridad divina. El evangelio de Juan, reconocido por su intención evangelista (Jn 20:30-31), enfatiza la deidad de Jesús más que ningún otro libro en la Biblia (e.g., Jn 1:1-3, 14, 18; 5:17-21; 6:69; 7:38; 8:19, 58; 10:30; 20:28). En Juan la persona de Cristo Jesús es el objeto de la fe en varios contextos evangelistas (e.g., Jn 1:12; 3:16; 5:24; 6:29, 47; 9:35-37; 11:25-26).

La Provisión de Cristo Jesús

Como el Hijo de Dios, Jesús nos salva por lo que Él hizo por nosotros; Él proveyó para nuestra más grande necesidad. Después de todo, nosotros somos salvos de algo y para hacer algo. Como pecadores separados de Dios, necesitábamos que alguien pagara el precio que nosotros no podíamos pagar. Jesús pagó ese precio al morir en la cruz. Por supuesto, un salvador muerto no puede salvar a nadie, por eso Jesús resucitó de los muertos. Su resurrección muestra que el precio ha sido pagado, que Dios aceptó el pago, y que Él vive para darnos vida eterna. Jesús hizo posible que sí aceptamos Su provisión nosotros pasemos de muerte a vida (Jn 5:24).

La persona de Jesús no se puede separar de Su obra. Jesús es el 'Cordero de Dios' quien quita el pecado del mundo (Jn 1:29). Él dio Su vida por nosotros (e.g., Jn 6:51; 10:11-18) como el supremo sacrificio por nuestros pecados (Heb 10:5-10). Isaías 53 habla proféticamente acerca de la muerte sustituta de Jesús (Is 53:3-12) y Su resurrección (Is 53:10-12).

Una vez más, existen muchas complejidades insondables y profundas acerca de la muerte de Jesús la cual puede ser que no entienda inmediatamente una persona no-salva. Aun así debe de haber por lo menos la más simple comprensión de que somos pecadores separados de Dios, que Jesús removió esa barrera causada por el pecado a través de Su muerte y resurrección, y que Él ahora vive para darnos Su vida. Es por eso que vemos la predicación de la cruz y de la resurrección en la iglesia primitiva (e.g., Hch 2:23-24, 36; 3:18-20; 4:2, 10; 5:29-31; 10:39-40; 13:29-30; 17:3; 26:22-23) y porqué se reiteraron esos grandes hechos en las epístolas (e.g., Ro 3-8, 1 Cor 1:18-24; 2:1-2; 15:1-4; Ga 3:1; Ef 1:20; Fil 2:8-9; Col 2:12- 14; Heb; 1 Pe1:3, 18-21; 3:18).

La Promesa de Cristo Jesús

Ciertamente se puede concebir que una persona pueda comprender los hechos acerca de la persona y la obra de Cristo y aun así no ser salva porque no los aplica a su propia condición espiritual. Creemos en Cristo para algo, y esto es la vida eterna. Dios nos ha prometido que cualquiera que cree en Cristo Jesús como el Uno quien murió y resucitó va a tener vida eterna (e.g., Jn 1:12; 3:16; 5:24; 6:40, 47; 7:38; 10:26-29; 11:25-26; 12:44-50; 20:31). Una persona debe de creer, o ser persuadida, de que la promesa es verdad y que es para él.

La vida eterna tiene muchas implicaciones que tal vez una persona no las comprenda en su totalidad. Estas incluyen seguridad eterna, perdón de pecados, justificación, nuevo nacimiento, glorificación, y otras maravillosas verdades que se aclararán con la instrucción de la Palabra de Dios. La vida eterna también se puede definir como conocer a Dios a través de Cristo (Jn 17:3). Una persona debe creer en algún aspecto salvador de la promesa de Dios de la vida eterna.

Algunas Cosas Desconocidas

Mientras que el contenido del evangelio es esencialmente simple y podemos compartirlo claramente, pueden existir algunas preguntas acerca de ciertas cuestiones: ¿Cómo puede un niño comprender el contenido del evangelio? ¿Cómo puede ser salva una persona discapacitada mentalmente? ¿Qué les pasa a los bebés cuando mueren sin ningún conocimiento del evangelio? ¿Cómo puede un hindú comprender los conceptos de Dios, el pecado, Hijo de Dios, resurrección, y vida eterna?

Cuando compartimos el evangelio, debemos de darnos cuenta de que el proceso de comunicación tiene dos componentes, el del comunicador y el del receptor. El que escucha no siempre procesa la información exactamente como lo intentó el comunicador. En otras palabras, existen barreras cuando comunicamos el evangelio como el lenguaje, la interpretación cultural, concentración, claridad, procesamiento, previa comprensión, y preconcepciones religiosas.

A la luz de estas cosas desconocidas, debemos humildemente reconocer que la comprensión de una persona no siempre es lo que nosotros pensamos que es. Afortunadamente, el Espíritu Santo sabe lo que nosotros no sabemos. Mientras que nuestra responsabilidad es compartir el evangelio tan claro como sea posible, convencer al oyente de Su veracidad es Su trabajo (Jn 16:8). Conforme compartimos el evangelio, debemos de depender del Espíritu Santo para que trabaje en el que escucha para darle suficiente comprensión y traerlo a la fe (Ro 10:14-17). Exactamente cómo trabaja el Espíritu Santo en una persona permanece como un misterio (Jn 3:8; 6:44-45, 65). Nada de esto, sin embargo, quita el hecho de que si estamos mal en nuestro mensaje, el oyente ve a estar mal en su fe.

Conclusión

Somos llamados a compartir el evangelio de la salvación lo que significa que compartimos la persona, la provisión, y la promesa de Cristo Jesús. ¿Por qué compartiríamos menos que eso? Ya sea que lo expliquemos en los términos más básicos o con gran profundidad, siempre es el Espíritu Santo quien lleva a la persona a comprender y eso le lleva a creer. Predicamos el evangelio de gracia a través de la fe sólo en Cristo sólo y permitimos que Dios haga el resto. Ciertamente esto requiere que nosotros lo comuniquemos claramente, y también que oremos fervientemente.


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