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   ¿Qué Es el Pecado de Muerte?



Dos pasajes en el Nuevo Testamento mencionan un pecado que conduce a la muerte, comúnmente llamado como “el pecado de muerte”.

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. Santiago 5:19-20

“Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte”. 1 John 5:16-17

La Verdad Común en Ambos Pasajes

  • • En ambos pasajes, el contexto y el lenguaje dejan claro que los autores se dirigen a creyentes y les están hablando acerca del pecado de otros creyentes. Santiago se dirige a los lectores como “Hermanos”, y quien es identificado como el que está pecando es alguien “Entre vosotros” que “se extravía de la verdad”. En 1ª Juan, tanto el lector como el pecador son hermanos cristianos.
  • En ambos pasajes, existe una categoría especial para este pecado que conduce a la muerte.
  • En ambos pasajes, el autor plantea la posibilidad de rescatar al pecador de la muerte

El Significado de la Muerte

Estas son las cuatro interpretaciones más comunes de “la muerte”

  1. Pérdida de la salvación. No existe respaldo teológico ni contextual para esta interpretación. A pesar de la mención de los pecados de los creyentes en ambas epístolas, estos no son amenazados con la pérdida de la salvación (vea Apuntes de Gracia Nos. 2, 24, 37, 59 y 60). En los contextos pertinentes, Santiago exhorta a la confesión del pecado y a la oración por los necesitados, especialmente por aquellos que pudieran estar enfermos a causa del pecado (Santiago 5:13-18); por su parte, Juan asegura a sus lectores que poseen vida eterna (1ª Juan 5:11-13), la cual es una vida que no se puede perder (Juan 5:24; 11:25).
  2. Una comunión con Dios debilitada o muerta. Aunque la muerte a veces puede referirse a la experiencia de insensibilización espiritual causada por el pecado (Romanos 6:23; 8:6; 1ª Timoteo 5:6), esto no encaja con los contextos de estos pasajes.
  3. El pecado imperdonable. Esto presupone que el pecador se encuentra en el proceso de rechazar deliberadamente la gracia de Dios en Jesucristo, lo cual constituyó el pecado imperdonable de los líderes de Israel (Mateo 12:31-32; Marcos 3:28-29; véase Apuntes de Gracia No. 16). Juan advierte acerca de los anticristos: Falsos maestros, aparentemente no salvos, que abandonaron la comunidad de creyentes (1ª Juan 2:17-19). Algunos opinan que él está advirtiendo a aquellos que comienzan a seguirlos; sin embargo, el paralelismo se desmorona porque el pecador descarriado es una persona salva.
  4. Muerte física. Esta postura cuenta con el respaldo más sólido. Santiago explica cómo la tentación puede conducir al pecado, el cual degenera en muerte física (Santiago 1:13-15). En el contexto inmediato, Santiago vincula el pecado con la enfermedad física y subraya la importancia de la oración para la sanidad (Santiago 5:13-18), aunque es posible que este pecador esté en peligro de muerte y no esté padeciendo alguna enfermedad en absoluto. Juan advierte a los creyentes respecto a los anticristos que no salvos y que niegan que Jesús sea el Cristo (1ª Juan 2:18-23), un pecado grave que podría acarrear una muerte física prematura. La Biblia ofrece numerosos ejemplos de muertes físicas provocadas por el pecado (Números 16; 1º Samuel 2:22-25; 4:11; Ezequiel 33:11; Hechos 5:1-10; 1ª Corintios 11:29-30). El pecado que desembocaba en la muerte forma parte de la Ley mosaica (Números 18:3; Levítico 20:1-27) y es una enseñanza que también se encuentra en el libro de Proverbios (Proverbios 10:2; 11:4, 19; 12:28).

El pecado que lleva a la muerte

Aunque no se menciona ningún pecado específico que lleve a la muerte, este resulta evidentemente identificable para los lectores de cada una de las epístolas. Si los pecados y las muertes de Ananías y Safira, así como los de los creyentes corintios, sirven de ejemplo, sus pecados perturbaron la unidad y la armonía de la iglesia, un asunto de grave importancia. Santiago habla de un creyente que “se extravía de la verdad”, emprendiendo un camino que conduce a la muerte. Ya que su epístola menciona numerosos mandamientos que deben ser obedecidos, es posible que el pecado al que él se refiere en su advertencia no sea un pecado específico, sino más bien una actitud general de desobediencia persistente. En su epístola, Juan también menciona diversos pecados; el más grave de ellos es negar que Jesús sea el Cristo (1ª Juan 2:22-23). Él afirma que toda injusticia es pecado, pero que no todos los pecados conducen a una muerte prematura. Si Juan y sus lectores tienen en mente un pecado grave que merezca la muerte, es probable que se trate de la negación de Jesús como el Cristo (compárese la gravedad de este pecado, reiterada en 2ª Juan 9-11). Al parecer, si Dios hubiera querido que conociéramos un pecado específico que acarrea una muerte prematura, Él nos lo habría revelado. Cada autor asume que sus lectores son capaces de identificar el pecado que podría tener como consecuencia la muerte física prematura, castigada por Dios con fines disciplinarios.

La Esperanza Para los Pecadores que Se Dirigen Hacia la Muerte

Santiago asegura a sus lectores que una persona dentro de la iglesia puede apartar al pecador del camino que lo lleva a la muerte. El contexto precedente sugiere que la oración marca la diferencia, especialmente “la oración eficaz y ferviente del justo”, la cual “tiene mucho poder” (Santiago 5:16). Antes de abordar el tema del pecado que lleva a la muerte, Juan asegura a sus lectores que oran conforme a la voluntad de Dios que sus oraciones serán contestadas (1ª Juan 5:14-15), y afirma que no todos los pecados conducen a la muerte (1ª Juan 5:16-17). Él no prohíbe orar por aquel cuyo pecado lo está llevando a la muerte, pero tampoco lo fomenta; no tendría sentido que lo hiciera si el pecado estuviera relacionado con la herejía de los anticristos.

Conclusión

Estos dos pasajes demuestran la gravedad del pecado y nos recuerdan que Dios puede disciplinar severamente a los creyentes por ciertos pecados, llegando incluso a quitarles la vida física. Esta disciplina severa es compatible con el amor y la gracia de Dios de varias maneras. En primer lugar, Dios ama a su iglesia y vela celosamente por su pureza, lo suficiente como para protegerla de aquellos que intentarían destruirla. En segundo lugar, la muerte prematura de un creyente debería influir en los demás para que no pequen, e incluso para que teman pecar (Hechos 5:11). En tercer lugar, mediante una muerte prematura, Dios puede estar preservando tanto el testimonio del creyente como las recompensas que este pudiera haber ganado. Finalmente, Santiago 5:20 afirma que, cuando alguien aparta a un pecador de su error, no solo salvará su vida, sino que también “cubrirá multitud de pecados”. Esto podría referirse a los pecados de aquel que se encuentra en el camino de muerte, o bien a los pecados de quien hace volver al pecador del error; pero, de cualquier modo, ello manifiesta la disposición misericordiosa de Dios a abstenerse de aplicar una disciplina mayor, o a recompensar al creyente fiel que ayuda a su hermano. A veces, la gracia de Dios puede manifestarse a través de una disciplina severa; no obstante, Él siempre está dispuesto a restaurar al pecador (Hebreos 12:1-11; 1ª Pedro 4:8).


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