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   El Señorío de Cristo



Jesús es el Señor. Ninguno que cree en lo que dice la Biblia puede negar esto. Pero ¿qué significa y cómo se aplica el Señorío de Cristo a nuestra salvación y a nuestra vida Cristiana?

El Significado de Señor

La palabra que normalmente ser traduce como Señor en el Nuevo Testamento viene del griego Kyrios. Algunas veces se usa como un título de respeto, así como cuando a alguien le llamamos caballero. Vemos esto en Hch 16:30 cuando el carcelero de Filipo se dirige a Pablo y Silas como 'Caballeros' (el plural, kyrioi - señores).

Normalmente Señor también es usado junto con el nombre de Jesucristo como un título. Como título, no sólo muestra respeto, sino que también refleja quién es Jesús. Él es el Señor. Cuando se tradujo la Biblia del hebreo a la versión Septuaginta en griego, el nombre hebreo de Dios, YHWH, normalmente se tradujo como Kyrios, o Señor. YHWH comunica primero toda la deidad, pero implica todos los demás aspectos que son únicos de la deidad como Creador, Dueño, Gobernante, Juez, Redentor, y Salvador.

El Señorío de Cristo en la Salvación

El Señorío, o la deidad, de Jesucristo son esenciales para nuestra salvación. Considere algunas de las cosas que Jesús hizo para nuestra salvación sólo porque Él es el Señor Dios:

Él se hizo el sacrificio perfecto para nuestro pecado, sin mancha o defecto

Él dio Su vida como un sacrificio por toda la humanidad - pasado, presente, y futuro

Él se levantó de entre los muertos y vive para ofrecernos vida eterna

Él promete, provee, y garantiza la vida eterna a todo aquel que cree en Él

Es sólo porque Jesús está en la posición de Señor Dios que Él puede salvarnos y darnos vida eterna.

Mientras que el título Señor habla de Su posición de deidad, el nombre de Jesús habla de Su humanidad y Su rol como Salvador, porque el nombre de Jesús significa Salvador. En el nombre de Jesucristo, Cristo significa Mesías, el Ungido o elegido por Dios para ser El Salvador y Rey.

Entonces, Señor es un título que comunica la deidad de Jesús. Lo que esto significa para la salvación es que Él tiene el poder y la autoridad de salvar a los pecadores porque Él es Dios. Lo que esto no significa es que los pecadores sólo pueden ser salvos si ellos se someten a Él como el Gobernador de sus vidas. Gobernador es sólo una parte del conjunto de la deidad, y hacer que una función y posición de la divinidad se conviertan en una demanda subjetiva es algo arbitrario. Como la palabra lo implica, salvación requiere de un Salvador. Jesús vino a salvar a los pecadores (1 Tm 1:15; 4:10) y Él puede hacerlo porque Él es Dios. Los pecadores necesitan a un divino Salvador.

Una cosa es decir que para ser salvo un pecador necesita reconocer la autoridad divina que Jesús tiene como Dios o como el Hijo de Dios. Pero una cosa muy diferente es decir que para que un pecador sea salvo este se debe someter a Jesús como el gobernador de su vida. La primera es un reconocimiento objetivo de la posición y poder de Jesús como Dios, la segunda requiere una respuesta subjetiva hacia Él como Gobernador. La Biblia tiene ejemplos de pecadores salvos que se dirigieron a Jesús como Señor sin someterse a Él (e. g., Jn 4:11, 15, 19; 9:36). Para ilustralo más, podemos decir que durante la Segunda Guerra Mundial el General Douglas MacArthur salvó a Filipinas. Él fue capaz de salvarla porque él tenía una posición de poder de un general del ejército de los Estados Unidos de América de cuatro estrellas. Para la gente de Filipinas, sin embargo, MacArthur no fue su general, ni se les pidió que se sometieran a él como general. Ellos sólo necesitaban aceptar la 'salvación' que él les ofreció.

La Opinión llamada Salvación-por-el-Señorío

Existe un punto de vista que enseña que un pecador se debe someter a Jesús como el Gobernador de su vida para poder ser salvo. Los que proponen está opinión la llaman la Salvación-por-el-Señorío, aunque se debería de llamar Salvación-por-el-compromiso o Salvación-por-la-sumisión. Ya que enfatiza la subjetiva respuesta del incrédulo a Jesucristo como Gobernador. La Salvación-por-el-Señorío confunde la objetiva posición de Jesús como el Señor con la respuesta subjetiva a uno de los aspectos de Su señorío - gobernante. Esta opinión no sólo refleja un método teológico pobre - la soteriología no se debe construir meramente en títulos, ya que contradice las enseñanzas de la Biblia acerca de la salvación por gracia a través de la fe. La gracia que nos salva es un regalo de Dios gratuito, inmerecido, incondicional. Hacer una condición para la salvación a la sumisión de un pecador a Jesús como el Gobernador de su vida destruye la gracia de Dios que hace a la salvación un regalo gratuito que sólo se puede recibir a través de la fe (Ro 4:4-5; 11:6; Ef 2:8-9).

La Salvación-por-el-Señorío es algo arbitrario porque sólo enfatiza la gubernatura del divino título del Señor Jesucristo. Para ser consistentes, ellos deberían pedir que los pecadores aceptaran a Jesús como el Creador, el Sustentador, el Juez, el Profeta, el Sacerdote, y el Rey, porque todos estos y más son aspectos de Su divinidad. Aún más, ellos deberían requerir la aceptación de todo lo que significa el nombre de Jesús, y todo lo que significa el título de Cristo.

Maestros de la Salvación-por-el-Señorío muy a menudo se refieren de una forma despectiva a los que creen en lo gratuito de la gracia en la salvación como no-señorío o sin-señorío. Por supuesto esto es incorrecto y deliberadamente engañador. Su error viene de confundir la posición objetiva de Jesús como Señor con la respuesta subjetiva a Jesús como Señor y hacer de esto un requisito para la salvación. Aquellos que creen en lo gratuito de la gracia creen que Jesús debe ser el Señor (Dios) para ser el Salvador. La respuesta que se requiere de un incrédulo es simplemente creer en el evangelio - quién es Jesús, qué ha hecho Él para nuestra salvación, y qué es lo que Él nos promete. No existe una base léxica o bíblica para definir creer como someterse. Creer simplemente significa estar convencido de algo o persuadido de que eso es verdad. Inclusive existen ejemplos bíblicos de aquellos quienes se sometieron a Jesús como su Gobernador pero que no fueron salvos (Mt 7:21-23), y aquellos que fueron salvos aunque no se sometieron a Jesús como su Gobernante (Hch 19:18-19).

Nosotros no estamos diciendo que quien viene a Jesús como Salvador deliberadamente rechaza la gubernatura de Jesucristo. Estamos diciendo que someterse a Él como el Amo simplemente no es un asunto de la salvación, mucho menos es razonable poner este requisito a uno que está muerto espiritualmente.

El Señorío de Cristo y la Salvación

Mientras que nosotros rechazamos a la Salvación-por-Señorío y su requisito de que el pecador se debe someter a Jesús como el Gobernador de su vida, nosotros entusiásticamente aceptamos el término Santificación-por-el-Señorío o Discipulado-por-el-Señorío porque someterse a Jesús como Gobernante es a lo que se refiere la vida Cristiana. Una vez que conocemos a Jesús como Salvador, nosotros debemos aprender a relacionarnos con Él como nuestro nuevo Amo.

Muchos pasajes aconsejan a los que hemos creído en Jesús como Salvador a que ahora nos relacionemos y sometamos a Él como el Señor. El punto de Ro 6 es que ahora que tenemos a Jesucristo nuestro nuevo Amo, debemos de someter nuestro ser a Él. Ro 12:1 nos urge a presentar nuestro ser como 'sacrificio vivo'. Vivimos y morimos para el Señor (Ro 14:8-9). Como creyentes se nos dice: 'santificad a Dios el Señor en vuestros corazones' (1 Pe 3:15) y 'creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo' (2 Pe 3:18). Semejantes consejos no serían necesarios si para poder ser salvos ya hicimos todo eso.

Conclusión

No podemos hace a Jesús Señor; ¡Él es el Señor! Nosotros sólo nos podemos someter a Él como sus siervos. Como nuestro divino Salvador Él nos salva; como nuestro Amo divino Él nos santifica. Para mantener la gracia del evangelio gratuita no debemos de mezclar la fe que requiere un incrédulo para su justificación con los diferentes aspectos de la sumisión que requieren los creyentes para su santificación.


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