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   Perseverancia vs. Preservación

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El concepto de la Perseverancia de los Santos ha sido parte de varios sistemas teológicos Cristianos desde el inicio de la Cristiandad. Esta enseñanza dice que un verdadero Cristiano va a perseverar en fe y buenas obras hasta el fin de su vida y con eso se comprueba que es eternamente salvo. Si un Cristiano profesante no persevera hasta el fin de su vida, esto prueba que esa persona en verdad no era Cristiano después de todo.

Mientras que la perseverancia enfatiza el perdurar de un Cristiano a través del poder de Dios, el énfasis de la preservación es la seguridad del Cristiano por la promesa de Dios. La preservación significa que cuando Dios promete vida eterna a los que creen en Cristo Jesús, Él les mantiene seguros sin que puedan perder su salvación.

La preservación de los creyentes, no la perseverancia de los santos, es el punto de vista enseñado por la Palabra de Dios y es consistente con el evangelio de la salvación por gracia.

El argumento de la perseverancia

La perseverancia es enseñada por diferentes sistemas teológicos. La posición del Calvinismo Reformado (P en su TULIP - por sus siglas en inglés) argumenta que ya que el hombre es totalmente incapaz de responder, las personas deben ser elegidos incondicionalmente y ellos solos reciben los beneficios de la expiación de Cristo a través de la irresistible gracia de Dios. La fe que se le debe de dar a los hombres como habilitación divina para creer también viene con el poder de mantenerlo a uno en la fe hasta el final de la vida. Al otro extremo del espectro de la teología, el sistema Arminiano argumenta que una persona es salva sólo si persevera.

En ambos sistemas, las obras son necesarias para probar y validar la salvación de uno. Sin persistentes buenas obras, nadie es salvo finalmente. En ambos sistemas, la seguridad es temporal, esto es, uno puede estar seguro de la salvación siempre y cuando persevere. En ambos sistemas muchos admiten que la garantía absoluta es imposible porque nadie puede predecir el futuro.

Los argumentos en contra de la perseverancia

La perseverancia depende de la fe como un poder especial dado al hombre, pero las Escrituras no proveen esta idea en absoluto. La fe es nuestra respuesta a la promesa de Dios de la vida eterna. En Ef 2:8, el regalo no es la fe sino la salvación por gracia (Vea Apuntes de Gracia no. 48).

A pesar de que Ef 2:9 dice que somos salvos 'no por obras', la perseverancia hace las obras una prueba necesaria, y por lo tanto una condición para la salvación. Esto es inconsistente con ser salvos por gracia. Ro 4:4-5 hace un contraste claro, 'Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia' (Vea también Ro 11:6; Tit 3:5). Sólo existe una condición para la salvación por gracia, y esa es creer (Ro 3:22).

Cuando una persona cree, se convence de la promesa de Dios de la vida eterna, para justificar, o redimir (Existen bastantes términos que se usan para la salvación eterna). La garantía puede ser absoluta porque la promesa de Dios es absoluta: 'De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida' (Jn 5:24). Ro 4:16 claramente dice que nuestra garantía de que recibiremos la promesa de Dios tiene que llegar por medio de la fe en la gracia de Dios (no en nuestro desempeño). A Abraham se le acreditó con justicia porque él fue 'plenamente convencido de que [Dios] era también poderoso para hacer todo lo que [Dios] había prometido' (Ro 4:21).

Si la salvación eterna dependiera de que nuestro desempeño perdurara hasta el fin de la vida, entonces nadie podría estar seguro de la salvación hasta que la vida se haya terminado. Aun así la Biblia tiene claras indicaciones de creyentes genuinos quienes no permanecieron en la fe y en las obras hasta el fin de sus vidas (Hch 5:1-11; 1 Cor 11:30; 1 Jn 5:16). En 2 Tm 2:12-13 se implica que es posible que el creyente no perdure: 'Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo'. Permanecer es recompensado con reinar, pero negar al Señor encarará la negación de la recompensa. Aun si somos infieles (del griego apisteo, literalmente, 'sin fe' o 'no creer') Dios va a ser fiel a Su promesa de darnos vida con Él (v 11).

El término preferido, preservación

Preservación es un término que habla de nuestra seguridad de nuestra salvación. A diferencia de la perseverancia que enfatiza nuestro desempeño, preservación enfatiza la promesa de Dios de darnos vida eterna (Jn 3:16), el propósito de Dios de vernos conformados a la imagen de Jesucristo (Ro 8:29), y el poder de Dios al no dejar que nada nos separe de Su amor (Ro 8:31-39). Si Dios nos preserva en nuestra salvación, podemos estar absolutamente seguros de que somos salvos para siempre, algo que es imposible con la perseverancia.

Preservación no niega el verdadero concepto bíblico de la perseverancia, que no es para salvación sino para recompensa, como vimos anteriormente en 2 Tm 2:11-13. En 1 Cor 9:27 Pablo escribió: 'sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado' (del griego adokimos, que en el Nuevo Testamento nunca se refiere al infierno o a perder la salvación) no para expresar la posibilidad de perder su salvación sino su recompensa. Uno de los temas más importantes de Hebreos es la importancia de que el Cristiano continúe, o persevere (Heb 6:11-12; 10:36; 12:1).

Las aplicaciones prácticas

Cuando separamos la perseverancia de la salvación por gracia a través de la fe, el Nuevo Testamento tiene muchas ricas aplicaciones para los Cristianos:

  1. Se nos exhorta a perseverar viviendo fielmente y sirviendo (1 Tm 6:11; Heb 10:36; 12:1; 2 Pe 1:6)
  2. Se nos recompensa por perseverar no con la salvación, sino con bendiciones temporales y eternas (Ro 5:3-4; Col 1:21-23; 2 Tm 4:7-8; Heb 11; Stg 1:12; 5:11; 2 Pe 1:8-11)
  3. Podemos estar absolutamente seguros de nuestra salvación ya que no depende de nuestro desempeño sino de Dios quien nos preserva (Ro 8:28-39; 1 Jn 5:11-13)
  4. Nos motivamos a servir y permanecer fieles a Dios por Su gracia perdonadora y Su amor incondicional (Ro 12:1; Tit 2:11-12)
  5. Podemos consolar a otros creyentes en base a quienes son (Cristianos), no en base a si son salvos o no

Conclusión

Preservación, no perseverancia, es la promesa del evangelio. Si esto se malentiende, el evangelio de la gracia se nulifica. La salvación no es en base a nuestro desempeño perseverante, sino en la promesa, el propósito, y poder de Dios para conservarnos.


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